Cambiarte de continente es subirte a una cuerda floja por mucho que te mentalices antes.
Da igual que tengas cuarenta y algo, o nueve años. Tendrás que acostumbrarte a hacer equilibrios. Si eres del primer grupo aterrizas en el otro lado del mundo con más duelos que sobrellevar a la chepa y la cosa se complica un poco. Pero lo que se dice llorar, llora el de nueve y tú también vas a llorar un rato.
En el caso de irte a vivir a Miami -una ciudad incautada por palmeras, manglar y surrealismo-, la sensación inicial de que estás de vacaciones, y que en nada coges el avión de vuelta a casa, desaparece cuando decides cambiar tu número de teléfono en WhatsApp. Sí, puede parecerte una chorrada, y pasan meses hasta ese (decisivo) momento, pero es la línea roja que cruzas para vivir más de mente presente y menos con la cabeza en Españita.
Mientras atravesaba la etapa oscura, servidora decidió darle a la tecla en este mismo blog. Una terapia para no dejarme el sueldo familiar en un psiquiatra miamense. Y una forma barata para reírme de las pequeñas desgracias sin importancia que vives cuando reseteas la vida conocida y te sumerges en la ruleta rusa de las «primeras veces».
Ese viaje y este blog mutaron a un libro que estoy a punto de estrenar. Con un poco de suerte, y si la imprenta y el transportista se enrollan, cruzaré hacia 2024 con uno en mis manos y con un link de Amazon.
He pedido unas cuantas copias para la fiesta que espero organizar en enero y, también por si quieres el librito con sus solapas a color, porque en Amazon se imprimen sin ellas (una pena). Estoy al otro lado de este mail por si quieres comprarlo antes (neus@messageinabottle.es). Su precio: 15 euros, más los gastos de envío.
