Parece que la vida está más jodida que nunca. Parece. Y no digo yo que no sea verdad, pero igual estamos habitando dos vidas paralelas: la mundial de las noticias, mezcladita con la banalidad cotidiana de cualquier hija de vecina. Léase: que la gente no encuentra trabajo, que los alquileres han subido un 80% y los sueldos un 2%, que hemos sustituido la Nivea por tropocientas mil cremitas, que nadie ha abolido los bailoteos de Chayanne o que no detengan al autor de semejante herejía de estilo… En fin, todo un despropósito de vida 1.

Por otra parte, la vida 2 tiene su código postal en las (mal) llamadas redes sociales, que ahora son el portal de un Temu donde se vende cualquier cosa imaginable y no imaginable. Basta con darte un garbeo por ese agujero negro para tropezarte, gracias a la mala baba de tu algoritmo, con hordas de gente sin oficio ni beneficio sentando cátedra de temas variados como la geopolítica, el por qué tener dieciocho hijos es una buena idea, los beneficios de ponerte tetas, masterclases sobre la caída de la papada y otros interesantes universos que te la pelan en realidad.
A veces, si tienes suerte ese día y si tu otro yo (el algoritmo) está flamenco, te secuestra para ver tontadas (comedidas, eso sí, no vayamos a ofender a alguna de las chorrocientas mil etiquetas que cohabitamos ese planeta).

Joya vista en @elfuetsecomeconlapiel
O guiarte hacia cosas tan irrelevantes como ver a un maestro de arte floral tradicional chino derrochando calma; pájaros de colores o a la NASA para darte cuenta de lo insignificantes que eres.
Gracias a este panorama tan chungo y esa manía de complicarnos la vida como especie, esta mañana me ha enamorado este señor estiloso y excatedrático que «enseñaba chorradas espantosas (vídeo aquí)».

¿Que Rafael González se ha cargado la psicología y hasta la psiquiatría en un pispás? En menos de dos minutos, y en bermudas.
Vete a saber cuántos años estuvo explicando «el pobre jubilado» (según sus palabras) quién era Freud y cuánto habrá investigado este hombre en su cátedra universitaria. Dice Rafa que «la vida está llena de problemas y disgustos» (remitámonos a los primeros párrafos), que «se nos muere gente, nos dejan las parejas», y que a la ciudadanía le da mucho miedo enfrentarse a ese momento en el que tienes que redefinirte en un nuevo escenario. Una clase de psicología básica, aunque Rafa no lo pretenda.
No será servidora la que juzgue sus conclusiones, para eso ya hay gente a la greña en el post de Instagram (entrevista de Carlos Qué Opinan y, con tu permiso, Carlos, ¿dónde está esa coma de vocativo?).
Yo, en realidad, solo vengo reflexionar sobre un par de cosas.
Decía Italo Calvino que «un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir«. Pues eso es la vida, hija mía.
Igual Rafael empieza a entender algo (para su propia vida) ahora que viste unos cuantos años bajo su camisa de cuadros. Igual tú o yo vamos persiguiendo las migas de pan para entender qué coño hacemos en este mundo. Y buscamos y encontramos donde podemos. Las asiduas de los libros encontramos (la gran mayoría de veces sin una intención previa) trocitos del puzzle en las palabras de otros. Aunque muchas veces, solo te topas con nuevas preguntas que no tenías en el radar y que vuelven a dejar más piezas sueltas, y la esperanza de encontrar algún destello de respuestas (o no) en futuras historias.
Pero, igual tampoco hay que entenderlo todo, qué narices. Igual es mejor fluir y vivir sabiendo que la vida es el libro que no terminaremos nunca. Y de paso apagar un poco la vida 2, por agotadora con su escaparate de servicios y productos, a pesar de que accidentalmente, el algoritmo se haga un poco persona y te deje regalos como Rafael y su aceptación de la vida, y miles de gatos y perretes. Estos, que no nos falten nunca para que la humanidad no se vaya al carajo.
PD. Aquí la aclaración si las migas de pan solo te suenan a baguette. Las migas de pan en las páginas web son esas pistas del sitio para que el usuario sepa dónde se encuentra y cómo regresar o avanzar a otros niveles de la página.