Un propósito para 2020

Por lo general, la vida suele ser destartalada como el baile de la pequeña Miss Sunshine. Por mucho que nos empeñamos en estrenar año y lista de propósitos con la mejor de las caligrafías y alineados milimétricamente en el margen de la hoja, a la que giras la cabeza la escritura se te ha quedado como una carretera provincial de montaña.

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Así que, mientras antes asumas que es mejor no embarcarse en propósitos épicos, más cerca estarás de no cagarla un año más con tus buenas intenciones.

Yo este año solo tengo un objetivo: tener un objetivo. Éste:

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Y es que mi vida está asociada a las mesitas de noche.

Todo el mundo sabe que una mesita de noche es un agujero negro. Este de la foto está a cincuenta y cinco millones de años luz de nuestro planeta azul (ese que nos estamos cargando entre todos con tanto ímpetu) y en él caben seis sistemas solares.

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Igual que en una puta mesita de noche. Que es capaz de coleccionar mierdas tan dispares como: auriculares ahorcados con sus propios cables, un boli de hotel, libros sin leer, tarjetas de visita, una caja de gafas, bragas (en clara minoría), muestras de crema que te provocarían urticaria de ponértelas en el careto, pilas como para montar un vertedero nuclear, un pendiente divorciado, una foto en blanco y negro que te encontraste por ahí limpiando allá por la Edad Media, pulseras de algún desgraciado momento amigo invisible, una corbata demodé que no es ni tuya, facturas de cuando los ordenadores y el Internet eran un argumento de película de ciencia ficción, un tíquet de compra de una batidora que guardas justo en ese lugar sin escapatoria por si está defectuosa. Para que no se pierda. Sin pensar por un momento que cuando metes algo en una mesita de noche se teletransporta a otra dimensión. Que ahí caben seis sistemas solares y a ver cómo coño encuentras las cosas en tanto espacio.

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El diablo vestido de blanco junto a la cama. Y con cajones XXL, Diós asista a la dueña

Y hasta el toto de dedicar media jornada de una mudanza a clasificar todo tipo de artuligios (muchos ya de anticuario), y pasándote por el forro los principios del Feng Shui que dicen que las mesitas de noche aportan “el equilibrio”, te plantas y te rebelas contra las tendencias, los catálogos de muebles y los decoradores en general y no vuelves a tener mesitas de noche.

Y sí, amichis, la clave está en la palabra mágica: mudanza.

La probabilidad de vivir felizmente sin mesitas de noche y sin aguantar las milongas de Marie Kondo se mantiene en las primeras mudanzas apuntadas en tu marcador. WICOZQIUKNBVVCUIHCZVQXRXGU

Pero como todo el mundo sabe también, menos Marie Kondo que es más tiesa que el wolframio (un metal que necesita seis mil grados centígrados para pasar de sólido a líquido),  no hay regla sin excepción: la mudanza internacional.  

Llegas al culo del mundo, atraviesas la jodienda de la adaptación, de los duelos y todo eso de lo que me he quejado y no-quejado durante un tiempo en este blog. Pasan unos meses y te ves en plan resistencia no comprando una mesita de noche. Al principio crees que es por no perder objetos en la dimensión desconocida pero cuando vuelves de tus primeras vacaciones en tu ex-ciudad, empiezas a sospechar que posiblemente era por mantener ese estado de provisionalidad de tu nueva casa.

239161Entonces una batería de preguntas existenciales se te clavan en el cerebro como el careto de alien echándole el aliento a Sigourney Weaver: “¿No se ve un poco desangelada esta habitación y esta casa en general? ¿Será posible que después de ir tres veces a Ikea no hayan traído más modelos de mesitas de noche? ¿Qué coño les pasa a los diseñadores de hoy en día que todas son un puto horror? ¿No será ya hora de asumir que vives aquí ahora y que es el momento de que tu casa no parezca un Airbnb?

56b2ed4b3c3e71239d908166e10bb706.pngY entonces, después de dos años y pico en el culo del mundo lo ves claro: como poseida por el espíritu de Scarlata O´Hara en lo alto de la colina, pones a Dios por testigo (sin ser tú de dioses) que tu futura mesita de noche nunca volverá a ser un punto limpio del ayuntamiento y que, si es necesario, te chuparás la temporada completa de Marie Kondo para conseguirlo.

Y, cuando vuelves de nuevo de vacaciones, haces otra vez la lista de propósitos y además del curso de automaquillaje, la cámara polaroid, hacer la cena antes de las seis de la tarde, y otros deseos, metes en la lista: comprar mesitas de noche.

posado-verano-ana-obregon_875x583_92219e78.jpgEn plan Anita Obregón empoderada en el posado playero. Con esa super sonrisa de yo lo valgo y voy a comprar las malditas mesitas.

Entonces es cuando te vuelves a mudar. Y es que la vida está asociada a las mesitas de noche. Sí, señoras y señores; un trozo de semi-madera es la línea roja que traza la frontera de dónde estoy y a dónde me voy.

Así que en la lista de este 2020 paso de apuntar cosas como: comer sano tres veces en semana, no darme de baja de pilates, hacer el curso de automaquillaje, ponerme horarios de trabajo y solo voy a intentar conseguir una cosa antes de que acabe el año: comprar las puñeteras mesitas de noche.

5 comentarios en “Un propósito para 2020

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